¿Es la Naloxona el verdadero héroe detrás de la sobredosis de fentanilo?

Hace algunos años cuando iniciaba mi carrera en psicología, fui a un congreso en San Diego en donde se hablaba de adicciones y los recursos de apoyo que existían en ese momento para su atención y diagnóstico. Para ese entonces mi familia y yo ya contábamos con algunos años con Clínica Libre de Adicciones, institución en la que hoy en día tenemos 17 años trabajando como Centro de Rehabilitación para la atención de adicciones y patología dual. 

Llegó el momento donde una de las ponentes habló sobre la necesidad de salir al campo a capacitar a todos los sectores de la población en el uso de Naloxona para prevenir la muerte debido a la sobredosis de opioides. Mencionaba con estadísticas de ese momento, como tantas personas habían salido beneficiadas gracias a que la familia, amigos o alguna persona contaba con el medicamento y la capacitación para llevar a cabo el procedimiento ante cualquier desafortunada eventualidad de una sobredosis.

Mientras escuchaba con atención, una persona del público hizo una pregunta. “¿Es necesario capacitar a toda la familia de la persona que consume?”. A lo que la ponente mencionó que era de suma importancia, ya que representaba el hecho de poder salvar una vida. La misma persona del público continuó con la siguiente pregunta. “¿Incluso aunque algunos de los familiares sean menores de edad?”. La ponente afirmó. 

En ese momento algo dentro de mí sucedió. Comencé a sentirme nerviosa, muy ansiosa, me faltaba aire, por lo que me retiré de la sala de exposición ya que no tenía ni la menor idea de que lo que me estaba ocurriendo, era un ataque de pánico.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) en una de sus publicaciones del 28 de agosto del 2020 hace mención que:

  • Los opioides se utilizan habitualmente para el tratamiento del dolor, e incluyen fármacos como la morfina, el fentanilo y el tramadol.
  • Su consumo sin fines terapéuticos, prolongado, indebido o sin supervisión médica puede generar dependencia y otros problemas de salud.
  • Debido a sus efectos farmacológicos, los opioides pueden provocar dificultades respiratorias y una sobredosis puede llevar a la muerte.
  • A nivel mundial pueden atribuirse al consumo de drogas unos 0,5 millones de muertes. Más del 70% de esas muertes están relacionadas con los opioides, con un 30% específicamente causadas por sobredosis.
  • Existen intervenciones terapéuticas eficaces contra la dependencia de los opioides que pueden reducir el riesgo de sobredosis, pero menos del 10% de las personas que necesitan ese tratamiento lo reciben.
  • La naloxona es un medicamento que puede prevenir la muerte por sobredosis de opioides si se administra a tiempo. (www.who.int 2020)

El mes pasado ingresó a nuestra Institución una mujer en sus 20s que ya había tenido tratamiento previo con nosotros hace ya algunos años. Marcó desesperada, pidiendo ayuda mencionando que había recaído, que estaba usando Fentanilo. Sus padres estaban al tanto de su llamada y se dispusieron a darle todo su apoyo y manejar por largas horas para acompañarla e ingresarla en nuestras instalaciones.

Cuando la vi, no era la misma que conocí hace ya algunos años. Su cuerpo parecía al de una niña. Débil, delgada, pálida, pero lo que más me llamó la atención fueron sus ojos.

Sus ojos al verme se llenaron de lágrimas y bajó totalmente su mirada.

No quise manifestar mi emoción delante de los presentes y acercarme directamente a ella y saludarla, pero al finalizar la sesión de grupo en la que se encontraba, se dirigió hacia mí y entre su desesperación por querer decir algo y la realidad ante que sus lágrimas y dolor le impedían siquiera poder decir una palabra, me acerqué y le pregunté que si la podía abrazar; me asentó con su cabeza que sí, la abracé y en ese momento sin decir absolutamente nada, sentí su dolor, su desesperación y como su cuerpo no dejaba de temblar. Su llanto escurría por su cara y culminaba en mi hombro y poco a poco comenzó a ser más y más fuerte, cuando de pronto, con las pocas fuerzas con las que contaba logra decirme, “im sorry, im so sorry Alexandra…”

La abracé con más fuerza y a pesar de mi profesión, a pesar de mis años de experiencia, no pude evitar contagiarme de su sentimiento y su dolor. 

Nos sentamos, y le pregunté que por qué me pedía disculpas, a lo que ella me respondió, “porque se me dijo muchas veces que podía morir, se me dijo muchas veces que esto podía suceder, y aun así, aun así consumí, aun así me hice daño y le hice mucho daño a mis papás… tenía mucha vergüenza de verlos otra vez y estar aquí…” por más obvia que pudiera parecer la respuesta le pregunté… ¿Si te daba vergüenza, entonces por qué nos llamaste? Su respuesta quedó marcada para siempre en mi corazón. “Porque… me dio mucho miedo… no me quiero morir…”

En febrero de este año, el Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) en una de sus publicaciones menciona como la tasa de muertes por sobredosis relacionadas con opioides, de los cuales incluyen el fentanilo, aumentaron por encima del 16% desde el 2018 al 2019. Más de 36000 personas murieron a raíz de una sobredosis de opioides en el 2019, y de acuerdo a los conteos provisionales más recientes de muertes por sobredosis por drogas indican hasta mayo del 2020, un aumento de muertes por sobredosis durante la pandemia de Covid-19. (CDC.GOV 2022)

Ante la pregunta ¿Qué se puede hacer? La CDC sugiere lo siguiente:

  • Expandir la distribución y uso de la naloxona y la educación sobre la prevención de las sobredosis.
  • Ampliar la concientización sobre el acceso y la disponibilidad de tratamiento para los trastornos por el uso de sustancias.
  • Intervenir con las personas de mayor riesgo de sobredosis de manera temprana.
  • Mejorar la detección de brotes de sobredosis para facilitar una respuesta más eficaz. (CDC.GOV 2022)

Por otra parte, el National Institute of Drug Abuse (NIDA) menciona la siguiente lista de efectos que puede producir el fentanilo:

  • Extrema felicidad
  • Somnoliento
  • Náuseas
  • Confusión
  • Constipación
  • Sedación
  • Problemas respiratorios
  • Pérdida de la consciencia

 

De los 8 efectos que marca el NIDA que puede producir el fentanilo, los 7 últimos pudieran de alguna manera parece razón suficiente para no consumir esta sustancia. Muchos de nosotros pudiéramos argumentar ¿Qué tiene de placentero experimentar náuseas? ¿Cómo a pesar de generar pérdida de consciencia, problemas respiratorios, confusión, incluso la muerte, se consume? Y la respuesta la da el primer punto, esa esperanza de poder experimentar extrema felicidad sin garantía alguna, sin la seguridad de no morir al intentar llegar incluso a un mínimo estado de felicidad. Para una persona con un Trastorno de Uso de Sustancias, esa mínima esperanza, esa mínima ilusión, o pretexto, es razón suficiente. Aunque posiblemente solo sea un momento o pudiera incluso no ocurrir, prevalece ese deseo e ilusión que al consumir puede llegar a sentir esa extrema felicidad; y a pesar de que esa posibilidad lleve consigo el riesgo de perder la vida hace aún más evidente la gravedad de la personalidad adictiva. Consumir a pesar de que las estadísticas comprueban la gravedad de esta sustancia, a pesar de que posiblemente ya se haya sufrido una sobredosis, a pesar de que probablemente tenga conocimiento de que personas han muerto. A pesar de perderlo todo, aún esté en riesgo la vida, la incapacidad de tomar decisiones correctas de vida determina y decide consumir a pesar de cualquier daño.

Una problemática importante en el Trastorno de Uso de Sustancias tiene que ver con la incapacidad de tomar decisiones correctas en la vida, lo cual tiene que ver con el juicio, no con su conocimiento o su inteligencia. Hoy en día, contamos con información, publicaciones científicas, que sustentan la adicción como una enfermedad del cerebro. La Dra. Nora Volkow directora del National Institute of Drug Abuse NIDA en varias de sus charlas como en sus múltiples publicaciones a documentado que “una disminución en la función del sistema de dopamina en sujetos adictos y una interrupción en la función de las regiones frontales del cerebro involucradas en la motivación y el impulso hace constar a la adicción como una enfermedad del cerebro”.

Lo que entendemos por adicción a algo, no es más que un aprendizaje con recompensa. Este aprendizaje se vuelve patológico por lo que termina arruinando el proyecto de vida de la persona que consume, generando problemas y consecuencias tanto en el entorno familiar como social. El consumo de sustancias y las conductas inadecuadas bien aprendidas se apropian del circuito de recompensa, elaboran un acondicionamiento que afecta a funciones del cerebro, como también a su estructura cerebral. 

En una publicación también de la Dra. Volkow en la página oficial de NIDA en mayo del 2021 menciona que: “el encarcelamiento, ya sea por drogas o por otros delitos, en realidad genera un riesgo mucho mayor de sobredosis cuando el individuo sale de la cárcel. Más de la mitad de las personas encarceladas tienen un trastorno por consumo de drogas sin tratar, y el consumo de medicamentos y drogas ilegales por lo general aumenta considerablemente luego de un período de encarcelamiento. En el caso de un trastorno por consumo de opioides que no se haya tratado, volver a consumir la droga puede resultar fatal debido a la pérdida de tolerancia que puede haber ocurrido durante la estadía en la cárcel”. Y concluye mencionando que “las personas con un trastorno por consumo de drogas necesitan tratamiento, no castigo, y los trastornos por consumo de drogas deben abordarse con los requisitos incuestionables de calidad en la atención y compasión por las personas afectadas. Con la voluntad y determinación de lograr la igualdad racial en la disponibilidad de tratamiento compasivo y con la capacidad de utilizar la ciencia como una guía hacia modelos más equitativos de estrategias para la drogadicción. A lo cual considera que el logro de ese objetivo es posible”.

Esta premisa de la necesidad de tratamientos de calidad brinda a la persona con esta enfermedad y a sus familias la oportunidad de dignificar su vida. Tomando en cuenta que las acciones que lo han llevado a ser señalado o juzgado socialmente puedan ser evidentes como parte de su propia enfermedad, y la necesidad de ser tratados. Es de vital importancia ante la urgencia que se vive en estos momentos ante el consumo de opioides, y en este caso en específico fentanilo brindar oportunidades de ayuda, cosa que en estos momentos medicamentos como en Naloxone están brindando la oportunidad de salvar la vida momentáneamente, a lo que lleva a los usuarios a continuar su consumo cada vez aumentando su tolerancia e incrementando las dosis con la precaución de tener el recurso del medicamento a su alcance en todo momento mientras continúan su consumo cotidiano.

Un joven en su proceso de rehabilitación en Clínica Libre por consumo de fentalino me comentaba “Yo siempre contaba con 5 suministros de Naxolone en casa… 3 de ellos eran resguardados para mi protección en caso de cualquier eventualidad. Los 2 restantes los tenía en caso de que algún conocido pudiera llegar a necesitarlos”. Otro de ellos con antecedente de consumo de heroína mencionó. “Yo le pedí a mi familia si me podían apoyar para contratar una enfermera para inyectarme y pudiera monitorearme y así no correr el riesgo de morir y que mi familia pudiera estar tranquila, a lo que mi familia accedió, a ellos les preocupaba mucho que pudiera morir”.

Por muchos años me atreví a considerar que personas con este trastorno no le tenían miedo a la muerte por su mismo consumo a pesar de los daños. Y paradójicamente resulta ser, al contrario, es el miedo a la vida y a las realidades a las que se enfrentan día a día por su misma incapacidad. Hoy me queda claro que no quieren morir, que efectivamente hay un miedo inminente a la vida, a la responsabilidad, al cambio, pero sobre todo al permitirse sentir. No es que una persona con estas características no sepa o no haya encontrado o experimentado la capacidad de amar a lo largo de su vida, o simplemente de ser feliz, sino que poco a poco van perdiendo sus habilidades, sus emociones llevan tiempo siendo anestesiadas por el consumo, llegando al punto de no querer afrontar el rezago de sus daños acumulados, consecuencias y perdidas, y por lo tanto asumir su realidad resulta ser aún más doloroso que el mismo riesgo de morir en el consumo.

En el momento en el que me vi huyendo de aquella conferencia en San Diego en donde experimentaba ese ataque de pánico, después de muchos años de trabajo personal pude comprender por qué esas preguntas causaron un alto impacto en mi persona. 

La razón por la cual decidimos en familia construir el proyecto de Clínica Libre de Adicciones hace 17 años fue debido a que uno de nuestros miembros de familia después de muchos años de desconocimiento es detectado con Trastorno de Uso de Sustancias, a lo que en su tiempo agotamos todos los recursos para proveerle un tratamiento, y en el que hasta la fecha continuamos todos como familia. No fueron necesariamente las preguntas ni sus propias respuestas, fue el recordar escenas donde siendo aún una niña con total desconocimiento de los alcances devastadores del consumo de sustancias, en múltiples ocasiones tomé una responsabilidad que nadie me delegó, pero que muchos como familiares asumimos y la atribuimos al amor, salvar a toda costa la vida de nuestros familiares en momentos de total desesperación. Recordé tantas escenas, tantos momentos en donde buscaba desde mi alcance, recursos de auxilio que pudieran proveer la ayuda necesaria y llevándolos a cabo, desconociendo que ponía su vida en riesgo, e incluso la mía. No pude evitar preguntarme si hubiera hecho algo diferente o hubiera utilizado el recurso de Naloxone si en ese tiempo hubiera sabido de su existencia. La realidad es que no lo sé, pero si se y recuerdo mi miedo y desesperación, también se la culpa que por muchos años sentí y me tomo mucho tiempo trabajar de no haber actuado antes o de haber hecho algo distinto. Esos sentimientos en aquellos momentos, esa agonía, ese terror, me parece injusto que cualquier menor se vea en la necesidad de interrumpir su niñez, apagar su espíritu e inocencia para asumir la responsabilidad de salvar la vida de un familiar, cargar con las consecuencias de vida de no haberlo hecho a tiempo, o de manera correcta, cuando la realidad es que existen oportunidades y alternativas de tratamiento al alcance de todos.

Naxolone ha salvado millones de vidas, me queda claro que es necesaria la capacitación y el acceso para adquirirlo, he tenido la oportunidad de conocer a varios sobrevivientes que se han visto beneficiados a través de este medicamento en un momento de agonía, pero también, he conocido a esos seres que han hecho posible su suministro y que también me atrevo a llamarlos sobrevivientes, a ellos, que en la mayoría de los casos son padres de familia, hermanos, parejas sentimentales o seres queridos, son los verdaderos héroes. Es poco el reconocimiento y mucha la deuda moral hacía todos ellos ya que han hecho posible que esta población tan vulnerable pueda continuar y tenga de nuevo una esperanza de vida. 

Jamás me atrevería a juzgar a la CDC por poner como número uno en su lista, qué se puede hacer ante el consumo de Fentanilo. el expandir la distribución y uso de la naloxone y la educación sobre la prevención de las sobredosis, ya que las cifras de muerte son desgarradoras y cada día van en aumento, por lo que tampoco me atrevo a sugerir algo distinto. Pero lo que sí es importante mencionar y abordar con mucha responsabilidad es como la WHO hace mención que existen intervenciones terapéuticas eficaces contra la dependencia de los opioides que pueden reducir el riesgo de sobredosis, pero menos del 10% de las personas que necesitan ese tratamiento lo reciben. A lo que me lleva a cuestionarme ¿Qué podemos hacer para que no sea solo ese 10%? Pluralizo mi pregunta ya que este es un tema que nos corresponde a todos como sociedad, como individuos y no es momento de mostrarnos indiferentes. No ahora que tantas personas lo necesitan y lo merecen.

 

Es momento y humildemente convoco a unirnos todos los sectores, gubernamentales, privados, farmacéuticos, e instituciones de salud pública y todos aquellos que tengamos que ver en los tratamientos e intervenciones, que sumemos fuerzas para proveer alternativas de tratamiento que puedan ser al alcance de todos.

Las cifras de consumidores de fentanilo y opiodes no van en descenso, suben a velocidades desorbitadas por lo que el suministro de Naloxone va a tener que ser cada vez mayor. Conocí a una persona que después de 12 sobredosis y que en cada una de ellas sus padres contaron con el recurso de Naloxone. Antes de esperar una 13 sobredosis buscaron ayuda y tuvieron la oportunidad en familia de un tratamiento digno con resultados hasta ahora alentadores. 

Habiendo recursos de apoyo y tratamientos la balanza se está inclinando sólo a una acción inmediata, la aplicación de Naloxone, llevando a la total desesperación a cientos de familias de vivir con la angustia de no saber en qué momento tendrán que ser los responsables de la vida de alguien más, llevándolos a abandonar sus responsabilidades, laborales, por ejemplo, para estar al pendiente y cuidado en caso de una eventual sobredosis. 

Me atrevo a invitar a que, si estamos observando el aumento en el consumo, y la necesidad del antídoto que permite continuar la vida, apoyemos que no se vuelva en un recurso constante que solo incrementará el consumo y limitará el acceso a la primera línea. ¿Primera Línea? 

Reconozcamos el desgaste emocional y físico que implica para una familia vivir en situaciones como esta. Por ello, una vez estabilizada a la persona en consumo por medio de Naloxone, se propone brindar la oportunidad de un tratamiento digno. Porque la realidad es que el adicto continuará su consumo, mientras tenga la certeza que alguien más estará allí para protegerle con una inyección de Naloxone y esto solo dará pausas a un desenlace inminente, y no dará oportunidad de generar habilidades que permitan continuar una vida de calidad en recuperación y sobriedad.

Si en nuestra formación como ciudadanos requerimos aproximadamente 15 años, entre kínder, primaria, secundaria y bachillerato. Si en nuestra formación como profesionistas requerimos un mínimo de 4 o 5 años. Si cursando una enfermedad crónica degenerativa, auto inmune requerimos en ocasiones intervenciones hospitalarias y tiempos prolongados en los procesos del tratamiento, porque devaluar los tiempos de los procesos de tratamiento bajo internamiento en rehabilitación de abuso de sustancias y patología dual, cuando contamos con la documentación necesaria para hablar de ello como una enfermedad, la cual es crónica, progresiva, degenerativa y puede llevar y está llevando actualmente a la muerte.

Muchas veces justificamos la no necesidad de un tratamiento debido a que el mismo paciente ha considerado que no es necesario, o bien, que puede solo. Es importante recordar que es una enfermedad del cerebro, no se toman decisiones correctas de vida, carecen de habilidades para la vida, y en la mayoría de los casos se carece de un diagnóstico mental, ya que es muy probablemente exista una comorbilidad; Trastorno por Uso de Sustancias y un Trastorno Mental, una Patología Dual.

Desconozco la capacidad de audiencia que pueda lograr este escrito, pero desde lo más profundo de mi corazón solicito apoyo. Extiendo una invitación a todas las áreas en salud pública a sumarnos y ser equipo. Una de las premisas más importantes de los grupos de autoayuda no es su capacidad de convocatoria, si no la capacidad de reconocer que solos no pueden, generando así comunidades de autoayuda que conlleva a la humilde disposición de escucharse los unos a los otros. Nos toma tiempo y recurso económico la publicación de material científico, los cuales reconozco que son necesarios y de suma importancia para el conocimiento y evolución de enfermedades, pero toma menos tiempo y recursos salir al campo y observar las necesidades básicas que jamás podrán observarse en porcentajes, pero si al escuchar a todos aquellos que están pidiendo a gritos la necesidad de ser atendidos.

Por último, mi reconocimiento y respeto a todas aquellas familias que, a pesar del estigma social, a pesar de la incertidumbre que se vive en sus hogares, a pesar de la agonía de nuestra propia expectativa ante nuestros familiares y la realidad a la que nos enfrentamos. A todos ustedes, los verdaderos héroes, los reconozco, y los invito a no cansarse. Si peleamos en contra de las adicciones corremos el riesgo de perder, necesitamos capacitarnos, pero sobre todo atendernos. Hay que reconocer que la participación familiar en los procesos terapéuticos no es solo necesaria, es vital para la reinserción social y reincorporación de los pacientes. Si ya han agotado una o varias veces el recurso de un antídoto, sepan que el siguiente paso después de recobrar la vida es un tratamiento de rehabilitación, de lo contrario solo estaremos postergando lo inevitable, ya que no ha aprendido las habilidades necesarias para luchar por su propia vida, y la familia continuará estando en riesgo.

Y en cuanto al medicamento Naloxone, tengan por seguro que, si el entorno familiar se desgasta física, emocional y económicamente, si los miembros del hogar dejan de actuar de manera inmediata ante los riesgos de la ingesta de las sustancias, no quedará nadie más que suministre la dosis que pueda devolverles la vida. Necesitamos a todos los familiares, necesitamos los medicamentos, necesitamos los procesos terapéuticos, nos necesitamos todos, los necesitamos con vida.

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