El desprendimiento emocional no es un acto bondadoso ni despiadado, tampoco es una separación que pretenda ser generosa o desinteresada. Es el reconocimiento de la distancia física que nos separa como individuos y nos hace ser únicos; es la total consciencia de la separación emocional que existe entre uno mismo y los demás, que permite individualmente experimentar sentimientos únicos y a su vez distintos como seres humanos.
No implica juicios ni expectativas; como tampoco condena a la indiferencia o rechazo.
Mucho menos implica una separación total física como pudiera llegar a considerar.
El desprendimiento consiste básicamente en este ejercicio consciente y desinteresado de diferenciar juicios, deseos, emociones, creencias y miedos propios de las demás personas, para de ser posible, mantenerlos fuera de la interacción con otros y no interfieran o influyan en la manera que nos relacionamos. El objetivo principal es salvaguardar nuestra estabilidad emocional, separando y reconociendo nuestros propios sentimientos y respetando la individualidad del otro, con el fin de construir y mantener interacción sana y respetuosa con los que nos rodean, sabiendo que la otra persona también cuenta con recursos propios.
Para ello, es de suma importancia un trabajo emocional previo a base de humildad, derrota, conciencia de enfermedad, el establecimiento de límites propios y las responsabilidades que a cada uno le corresponden. También, el fortalecimiento del amor propio a base de una autoestima sana, y poder entonces estar en paz con lo que soy, y lo que los demás sean, elijan, o decidan sentir, no sea el pretexto para la aferrada y terca necesidad de querer persuadir y hacer cambiar los sentimientos de las personas que más amamos.
En un sistema familiar caótico con antecedentes o desconocimiento previo de Patología Dual (Trastornos por Uso de Sustancias y otro Trastorno Mental) y codependencia se tienden a experimentar exageradamente sentimientos de angustia o desesperación debido al entorno en el que se vive, y los riesgos que vienen implicados, donde en muchos de los casos se tiende a despersonalizar y olvidar de las necesidades y deseos propios. Incluso debido a las mismas manifestaciones de la codependencia como lo es el rescate, la reacción, la atadura, la dependencia y el control, que el simple hecho de responder a preguntas como ¿Qué me gusta? ¿Qué es lo que quiero en la vida? ¿Que necesito? ¿Quién soy fuera de mi familia? Resultan sumamente difíciles de responder.
Es entonces, de manera consciente, y con el debido respeto hacía nosotros mismos y hacía nadie más, se decide no permitir una vez más envolverse en la constante y aferrada idea de estar en situaciones que nos genera angustia, dolor, desesperación y que, en muchas ocasiones, o en su mayoría, ni si quiera nos pertenecen.
El desprendimiento emocional implica hacerme cargo y responsable de mis sentimientos, no se ama más ni se ama menos. El amor en el desprendimiento se convierte en actos concretos de madurez donde podemos vivir y convivir en paz con lo que no podemos cambiar, dejando que cada uno se ocupe y tenga la oportunidad de vivir su propia vida.
Al no ser considerada una separación geográfica, ni una condena incriminatoria donde se toma venganza de aquellos que consideramos que nos dañaron, se asume la propia responsabilidad en el contexto en el que se desenvuelve, y es entonces que se da la oportunidad de comprender que:
-
- Nos desprendemos de los problemas relacionados con el consumo, no de nuestro familiar.
-
- Nos desprendemos de antiguos patrones destructivos de conducta, no de nuestras habilidades para vivir.
-
- Nos desprendemos del chantaje y la manipulación, no de criar, guiar y ofrecer un buen ejemplo.
-
- Nos desprendemos de juicios y tabúes, no del tratamiento y la recuperación.
Estar en un programa de recuperación permite la oportunidad de comprender, y es de suma importancia para ejercicio de habilidades para la vida que permiten un desprendimiento emocional sano. En la comprensión se encuentra la aceptación, el respeto y la empatía, y el conjunto de ellas permite el poder asimilar que muchos de los acontecimientos que se vivieron en el sistema caótico, pudieron haber sido circunstanciales, o bien, fueron el resultado de situaciones que quedaron fuera de nuestro propio alcance, y permite identificar que no existe razón para culparse de las graves decisiones de vida de nuestros seres queridos, de las consecuencias debido a la irresponsabilidad o del consumo de sustancias. Permite tomar las riendas de nuestra propia vida y de lo que, si nos corresponde asumir, reparar, como también apoyar de manera asertiva el proceso de recuperación de nuestro familiar.
Dejamos de meternos en situaciones que no nos corresponden. Logramos identificar como nos habíamos acostumbrado a vivir generando relaciones insanas con las personas que más amamos. Identificamos que realmente no hemos permitido a nuestros familiares la oportunidad de experimentar aspectos cotidianos de la vida misma, debido a miedos o creencias que en muchos casos hasta nos fueron heredadas. Nos damos cuenta de la complicidad y participación, emocional, he incluso económica al darnos cuenta que hemos sido patrocinadores oficiales de su consumo, al financiar proyectos o deliberadamente entregar parte de nuestro patrimonio, sabiendo que las razones por las cuales me lo solicitan no son ciertas, y a pesar de ello, decido creerlas. Lo preocupante de estar dispuesto a entregar nuestra propia vida, tiempo y esfuerzo al cuidado y resguardo total del otro, incapacitándolo e inutilizándolo a enfrentar la vida, privándolos de generar herramientas que el día de mañana sean esas habilidades para la vida que le permitan tomar decisiones correctas en la vida, incluso pensar, accionar, o asumir cualquier responsabilidad, y a su vez la nuestra, porque al final nos damos cuenta que generamos discapacidades en nuestros familiares a partir de nuestra sobreprotección, y que los llevó a inutilizar sus propios recursos, y cuya justificación en la mayoría de nosotros como familia, es el amor.
Podemos darnos cuenta de qué tanto nos involucramos en la vida de los demás cuando nuestros pensamientos y nuestra manera de dirigirnos hacía otros viene impuesto nuestro deseo o nuestra voluntad. Por ejemplo:
-
- Quiero que (mi familiar) dejé de consumir
-
- Quiero que (padres o algún miembro del sistema) dejé de controlar
-
- Quiero que (hijos) se ponga a trabajar
-
- Quiero que la vecina no me tire su basura y aprenda a barrer bien
-
- Quiero que se ría más bajito
-
- Quiero que cuando tomé el café no lo sorba
-
- Quiero que no haga ruido al masticar
-
- Quiero que sepa que es lo que quiero, no tenérselo que estar repitiendo todo el tiempo
-
- Quiero que me escuche, y me vea mientras le hablo
-
- Quiero que se corte el pelo, porque no me gusta su estilo
-
- Quiero que cambie su manera de vestir
-
- Quiero que estudie la carrera que yo considero, tendrá mejor futuro
-
- Quiero que me cuente y me haga parte de sus cosas
-
- Quiero que no estornude tan fuerte
-
- Quiero que me haga caso
-
- Quiero que cambie de amigos
-
- Quiero que cambie de novia o novio porque no me parece esa persona para mi hijo o hija
-
- Quiero que valore lo que le doy
-
- Quiero que entienda
-
- Quiero que sea lo que siempre he querido que sea
Lo que en realidad queremos decir y no nos atrevemos, o simplemente no nos hemos querido dar cuenta es que:
-
- “Quiero que seas y hagas lo que yo quiero. Me aterra que puedas enfrentarte en la vida con situaciones que no pueda controlar y por lo tanto no poderte proteger. Me desconcierta que podamos pensar tan diferente, que no pueda descifrar tus pensamientos y no pueda cumplir las expectativas de tus deseos. Ha sido tanto lo que te he dado sin que si quiera me lo pidieras, y ha sido tanto lo que también he dejado de hacer para cubrir tus necesidades y responder de manera inmediata a tus llamados, que no recuerdo, ni se, quien realmente soy sin ti”
Cuando queremos ejercer nuestra voluntad en los demás, le estamos faltando el respeto a su persona y a su esencia, pero, sobre todo, nos estamos negando la oportunidad de convivir y aprender de cada uno de nuestros seres queridos.
Es tanto como nos despersonalizamos que aprendemos a vivir por y para los demás, creyendo que al hacerlo nos convertimos en buenas personas o que somos sumamente empáticos porque podemos sentir las tragedias de los demás y lloramos igual o peor que la propia víctima. Que, si la otra persona está feliz por un logro, yo también estoy feliz y actuó el resto del día como ganador sin trofeo o hasta nos tomamos de manera personal el fracaso de los demás; “Me reprobó matemáticas”, “Me salió con que no quería…” “Se me salió de la escuela”. Así también nos podemos volver los rescatadores permanentes de eventualidades cotidianas (responsabilidades ajenas) lo cual es un trabajo sumamente desgastante.
Al desprendernos emocionalmente podemos darnos la oportunidad de convivir con los seres que tanto amamos, respetamos y no interferimos con lo que piensan, sienten o hacen. Damos la oportunidad a una vida de respeto donde la clave para el desprendimiento consta de un trabajo personal y emocional constante, fortalecimiento de nuestra autoestima, pero sobre todo es fundamental establecer nuestros límites, sin ellos el desprendimiento emocional puede llegar a resultar difícil.
Nos desprendemos del deseo y la necesidad de que nuestra voluntad se lleve a cabo, respetamos la individualidad de los que nos rodean.
¿Cómo sé que realmente me estoy desprendiendo emocionalmente?
-
- Cuando no sufro al decidir y alejarme por salvaguardar mi vida, integridad física y emocional.
- Cuando no rescato, y permito que los demás asuman sus responsabilidades
- Cuando no permito que factores, personas o mi entorno afecten mi estabilidad emocional
- Cuando no manipulo para generar algún beneficio o afecto forzado
- Cuando no soy cómplice y genero alianzas (coaliciones) negativas
- Cuando no genero conflicto y deseo que se cumpla mi voluntad sin respetar la de otros
- Cuando no formamos parte del conflicto
- Cuando no luchamos batallas ajenas y dejamos de involucrarnos en discusiones o enfrentamientos que no nos corresponden
No implica juicios ni expectativas; como tampoco condena a la indiferencia o rechazo.
Mucho menos implica una separación total física como pudiera llegar a considerar.
No implica juicios ni expectativas; como tampoco condena a la indiferencia o rechazo.
Mucho menos implica una separación total física como pudiera llegar a considerar.
No implica juicios ni expectativas; como tampoco condena a la indiferencia o rechazo.
Mucho menos implica una separación total física como pudiera llegar a considerar.
No implica juicios ni expectativas; como tampoco condena a la indiferencia o rechazo.
Mucho menos implica una separación total física como pudiera llegar a considerar.


